
Bueno, sacamos el mechero y encendemos los fuegos. La cocina está aun fría y todo huele a nuevo. Los utensilios están sin estrenar, y cada cosa que hacemos nos parece una pequeña odisea. El gusanillo de los nervios no deja de subir y bajar por nuestro estómago impidiéndonos probar lo que estamos creando. Las horas pasan muy deprisa y todo está a medio hacer cuando llega el momento de abrir las puertas. Prisas, miedo, incertidumbre... ¿Y si no gusta?, ¿Y si no sale todo a tiempo? ¿Y si es todo un desastre?....
Se abren las puertas.... la suerte está echada....
Ya hace nueve meses de esto y parece que fue ayer... a todos los que habeis visitado mi mesa, y a todos los que quedan por probarla, bienvenidos a mi cocina